jueves, 28 de marzo de 2013

El Chávez que Yo Conocí.


El Chávez que yo conocí,
no era aquel del 4f,
dando un golpe,
aprobado por rabia e impotencia,
pero rechazado por mi apego a lo jurídico.

El Chávez que yo conocí,
no fue aquel vestido de militar
que no quise visitar en Yare,
pues los de oliva me causan escozor,
por las represiones históricas contra nosotros,
por entrar a nuestras residencias con fusil en mano,
por su formación represora y conservadora de la oligarquía,
por la horrible masacre del 27F.

El Chávez que yo conocí,
no fue aquél que llegó a Miraflores rodeado de cierta escoria
y de un tufillo militar que, como a la Bonafini y otras y otros más,
repelía, o al menos nos causaba cierta suspicacia.

El Chávez que yo conocí,
no era aquel flanqueado por algunos
parásitos politiqueros y oportunistas,
a quienes fue sacudiendo en el camino.

El Chávez que yo conocí,
es el de la medicina al pobre,
del pan al niño,
de la vejez digna y tranquila,
del cardiológico, 
de la familia con hogar,
de la cultura y educación,
el de las misiones.
No el comandante de milicias,
sino el misionero del amor.

El Chávez que yo conocí,
es aquél niño de Sabaneta,
pobre en recursos,
pero inmensamente rico
en sueños y espiritualidad.

El Chávez que yo conocí,
es el que ama a la mujer como ser superior,
reivindicándola en su papel histórico
y revelándola como esencia vital de la nueva sociedad.

El Chávez que yo conocí,
es el que conversaba conmigo
a cada momento, y a veces también
importunaba la cotidianidad de mi existir.

El Chávez que yo conocí,
es el que desde la honestidad intelectual,
la contundencia de la verdad y la humildad del sabio,
aprendía de sus errores para hacerse mejor ser humano

El Chávez que yo conocí,
reencontró el ser humano,
la sociedad, el conocimiento,
los valores, el amor, la solidaridad,
la justicia, la igualdad y la libertad;
en una tesis abierta y por escribir, que más allá de
tratar de explicar la sociedad desde la teoría acomodaticia y etérea.,
pretende descubrirla, definirla y construirla desde la acción,
con los aciertos y errores que conforman el aprendizaje
de una nueva forma de vida: el Socialismo.

El Chávez que yo conocí,
le dio lógica a mi existir,
al rescatar la ética
como valor y principio
superior del ser humano y de la sociedad.

El Chávez que yo conocí,
no tuve que verlo en persona,
pues siempre estuvo y estará presente
en aquellos que creemos en un mundo mejor
y en una sociedad fundada en los principios y valores,
en el cristiano auténtico,
en cada acto de fe y amor.

El Chávez que yo conocí,
siempre existió y existirá,
pues esos seres, cual estrellas fugaces,
tan sólo son instrumentos de los pueblos
para reencontrase con su rumbo de fe y esperanza,
y él vislumbro nuestro sur:
el Socialismo.

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La palabra escrita se independiza del autor y trasciende las barreras del espacio tiempo, haciéndose evidencia que delata el pensamiento y desnuda los sentimientos.(Javier A. Rodríguez G.)