viernes, 24 de diciembre de 2010

La balanza del Abuelo

Parece que fue ayer cuando junto al abuelo transitaba el tiempo bajo el enorme almendro. Cabalgando la palabra nos elevábamos hasta la magia de la imaginación, descendiendo siempre a la sabia lección, el aprendizaje.  La moraleja es…,  sentenciaba el abuelo a manera de epilogo, para luego marchar y regresar el domingo siguiente, en un compromiso sin letras ni palabras, únicamente signado por la necesidad de perpetuar el pensamiento, de seguir hilando la perennidad de la vida.

En mi mente se hace hoy el día cuando la sabiduría del abuelo construyó aquel juguete que marcaría mi vida para siempre. Con algunas piezas de madera hizo aquella pequeña balanza y la fijó al almendro de tal forma que oscilara. ¿Qué es eso?  Le pregunté   –una balanza–  dijo, ahogando con su silencio cualquier comentario, esperando que mi curiosidad hallara el sentido real del artefacto.

Luego mi  memoria  estampa cuando tomó el abuelo una pequeña piedra y  la colocó en un extremo de la balanza. ¿Por qué haces eso?, no ves que una parte queda más baja que la otra,  le dije.

 –Precisamente, quiero que comprendas que  esa piedra representa las injusticias. Así como esa balanza es el mundo, injusto–  respondió el abuelo.

Entonces interrogué: ¿qué se coloca en el otro extremo para que sea justo?...,  y sin esperar respuesta  tomé otra piedra para compensar la balanza, pero el abuelo me detuvo sentenciando:

 –La justicia  es una actividad constante, mira, pon tu mano sobre  ese extremo y presiona hasta que se nivele, ves que lo lograste, esa es tu voluntad, si lo deseas puedes hacer justicia, todo es cuestión de quererlo profundamente. 

Pero, si las injusticias fuesen muy pesadas seguramente no podría yo solo nivelarle,  argumenté con avivada curiosidad  

–Cierto–  dijo el abuelo con su aleccionadora mirada, y  poniendo su mano sobre el extremo de la balanza la presionó pero sin completar su equilibrio  –Ahora coloca la tuya–   dijo  –y presiona hasta lograr nivelarla. ¿Te das cuenta, que sumando voluntades podemos luchar y vencer las injusticias sea cual fuere su tamaño o cantidad?

Así ambas manos sobre la balanza, así dos voluntades sumadas hacia lo justo, así crecía inmenso mi afecto hacia el abuelo, así valoraba cada días más la justicia.

Esa tarde marcó indeleblemente mi vida, aunque  entonces no comprendía exactamente el  significado de  lo justo y lo injusto, más que todo lo asimilaba a lo malo y lo bueno. Y para ser sincero, hoy, a pesar de  haber leído inmensos tratados respecto a la justicia, sigo sin poder precisar con exactitud las palabras que definan la justicia en su plenitud.

Aún están en mi memoria  aquellas tardes aciagas cuando el abuelo por siempre no estaría, y las horas que permanecía  en  mi ventana mirando  el almendro hasta que la luna  filtraba sus ramas y convergía en la pequeña balanza, que en su blanco resplandeciente era la luz de la sabiduría del abuelo.

Los años pasados parecen instantes. Cuán útiles fueron los consejos del abuelo en mis estudios de la ciencia de la justicia. Ahora  enfrento la realidad, cruda, descarnada, pero hermosa, siempre sometida a los ideales  y  valores  humanos. Esa es la verdadera grandeza del hombre, imponerse a sus vicios y carencias existenciales. Despertar cada día sabiendo que podemos ser mejores.

Y en momentos como este, en los que siento que la realidad me avasalla y mi voluntad trata de rendirse a la injusticia; pienso en el abuelo, en sus sabios consejos, vengo  bajo el enorme almendro a esclarecer mi conciencia, a fortalecer mi voluntad, a poner mi mano en el extremo de la ya roída balanza para sentir también  la del abuelo, recordándome que la justicia es posible, que siempre en cualquier sitio existen  personas con la voluntad de hacer un mundo mas justo, pacifico y feliz.


Javier A. Rodríguez G.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Bolívar. Monárquico, Liberal y Visionario


En el último cuarto del siglo XVIII vio luz el cuarto hijo de los Marqueses de San Luis (1) una de las familias mas acaudalas de la provincia de Caracas de la Capitanía General de Venezuela. Este nuevo súbdito del rey, al anunciar su nombre el bautizante sobre la pila y a la par del agua bendita, también se ungía del poder de su Majestad, y con él de los privilegios y sus primeras propiedades; entre ellas la negra Hipólita, el regalo de sus padres para que  lo “amamantara” (aparentemente por enfermedad de la madre, de todas formas ese oficio era despreciado por las mantuanas de entonces) Resulta irónico que un niño de meses fuera literalmente dueño del pecho que lo amamantaba….

Ese niño inquieto, despreocupado, un tanto superficial y con cierta, no torpeza sino más bien desinterés en lo intelectual, era lo más alejado de la imagen del niño reflexivo y sabio prematuro que pinta la historia, resultando a simple vista un tanto banal y mundano. Como era de esperar tuvo acceso a un verdadero privilegio para la época: la educación; con maestros exclusivos por supuesto. De la rigidez de Bello seguramente tomó algunas nociones de disciplina que usaría luego, y del espíritu abierto y liberal de Rodríguez a lo mejor avizoró el camino que andaría después, aunque no le gustaba vivir con él junto con otros alumnos, escapando varias veces de aquella imposición atormentadora de su tío-tutor.

Es que ese personaje nació en tiempos de enormes cambios sociales en el mundo. Allende los mares se estaba produciendo un gran movimiento libertario, la luz de la ilustración hacia pedazos siglos de explotación, generando una lumbre liberal- liberadora que determinaría su vida y la de todos los de este continente para siempre.

Mientras tanto, todo para él eran fiestas y flirteos. La dulce vida de los privilegios reales, de los cuales no era responsable pero que muy bien los disfrutaba. Empero..., lo que sí se vislumbraba en aquel joven era su sentido lógico y su excepcional facultad intuitiva, que iría desarrollando y que llevaba a su conciencia a prescindir de las notas inmediatas de los conceptos, buscando los fundamentos que contradecían su realidad, proyectándola hacia el futuro, era esa maravillosa facultad visionaria.

Este español criollo y multimillonario, perdió a sus padres a muy temprana edad y marchó a la España a presumir ante los peninsulares que miraban con menosprecio a los habidos en estas tierras. Pero el que pone el dinero es la estrella de la fiesta… El joven acaudalado sufragaba los deleites, lujos, manjares, excesos y complacencias de sus compatriotas peninsulares con el sudor, dolor y muerte de los esclavos de sus haciendas y minas. Mientras, a la inclemencia del sol y con el escarlata polvo del sufrimiento del esclavo y del “Blanco pata en el suelo”, se fraguaban como pueblo, Boves y Páez.

En fin, la vida de aquel joven oligarca transcurría en la protocolaridad y superficialidad correspondientes a su origen. Y lógicamente se hizo soldado para defender a su Rey (1798) a quien juró fidelidad. Algo que el pata en el suelo mentado Boves no logró, pues no tuvo el monto exigido para acceder a tal privilegio, ya que, evidentemente, no le darían la fuerza de las armas a cualquier “mendrugo de persona”.

Esto le decía desde Veracruz, México, a su querido tío materno, el acaudalado terrateniente Pedro Palacios Blanco, cuando marchaba hacia la “Madre Patria”:

"(...)Mi llegada a este puerto ha sido felismente, gracias a Dios, pero nos hemos detenido aquí  con el motibo…y  ser presiso el pasar por allí, de cinco nabíos y once fragatas… Después de haber gustado catorce días en la nabegación… Hoi me han susedido  tres cosas q. me an complasido mucho….es aber sabido… y partisiparle mi viaje…me alle haquí…que fue donde bibí los ocho días q. estube...  costeó el  biaje…  a quien bine… Hoi a las onse…Vste no estrañe la mala letra… pues estoi  fatigado del mobimiento del coche en q. hacabo de llegar… y me ocurren todas las espesies  de un golpe (...)(2)  (texto literal)

Estando en España se casa con su prima, una hermosa madrileña pariente de los marqueses del Toro. Marchan a vivir a la Capitanía General en cumplimiento de las disposiciones testamentarias, donde asume con diligencia todas las funciones de un terrateniente y el manejo de los réditos de las empresas habidas de sus padres. Principalmente la dirección de la hacienda de San Mateo, la producción, siembra, molienda, el control y manutención de los esclavos etc. En ese momento era uno de los terratenientes más ricos de todas la regiones, con una fortuna estimada en 200.000 Duros, (un duro: valor ideal correspondiente a 20 reales), lo que daba 4.000.000 reales (montos referenciales) de su haber hereditario, aparte de las rentas de todo tipo. De esta responsabilidad administrativa de sus tierras y del rendimiento de su capital estuvo pendiente toda su vida, he aquí un ejemplo de como, a pesar de tantas vicisitudes y de la entrega al propósito libertario, nunca descuidó las empresas heredadas de sus Padres y siempre estuvo muy al pendiente:

“(...) Yo no quiero que compongas la Cuadra ni casa ninguna porque en ese país todas las cosas se caen y descomponen con los temblores. Los que las habitan que las compongan por su cuenta, y si no que las dejen, y dáselas a otros con la misma obligación…Yo te he dejado mi poder para que entiendas mis negocios, pero no para que te entiendas con el arrendador de San Mateo, porque este arrendador debe entenderse directamente conmigo… Todos los esclavos que no eran del vínculo, que tu posees ahora, los he dado por libres porque eran míos y he podido darles la libertad, así ninguno quedará esclavo por ninguna causa ni motivo…..Dime qué están haciendo en la hacienda de Suata….El negocio de la hacienda de Chirgua debe quedar inmediatamente arreglado con mi tío Feliciano, y si no se quisiere arreglar, consulte usted un abogado y preséntese usted al tribunal para que lo mande hacer…. La deuda del tío Juan Félix yo se la perdono a sus herederos, y dígaselo así usted a ellos…. Me alegro mucho que no hayas tomado el trapiche del Guaire, porque de ningún modo me convenía. … Escríbele a Peñalver  para que tenga la bondad de encargar a un sujeto de bien que vaya a Chirgua, a fin de ver qué partido se puede sacar de aquella hacienda; y que haga lo mismo con respecto al Valle de Aroa, que yo no sé quién lo posee ni lo disfruta, ni como haremos para sacar las inmensas ventajas que ofrece en minas, arriendos y aserraderos (...)(3)

Luego, su joven esposa muere. En 1803 marcha a Europa nuevamente. París, en plena efervescencia liberal. Roma y el sacro juramento. El retorno en 1806 imbuido de las ideas Libertarias.

Así pues, ese soldado Real fue uno de los que participaron en la rebelión de 1810, cuando lo más granado de la oligarquía monárquica caraqueña, los llamados amos del valle, en conjura le plantearon a Emparan dos opciones: que les entregara el poder o que les entregara el poder. Luego entonces ¿qué podía hacer el Capitán General, recién nombrado por el imperio Francés, para ese momento hecho con la corona española, oponerse y ordenar a Bolívar y a Rivas que usaran las armas en contra de sus hermanos, primos, tíos y amigos? Todo ello se celebró en el conclave selecto que significaba el Cabildo, en donde sólo se permitió la entrada, en representación del Padre Madariaga, en representación del clero, y  de Juan Germán Roscio, abogado, hijo de un rico hacendado de origen Italiano, discriminado por su sangre “sucia”, de pensamiento liberal moderado con lisonjas monárquicas; como “diputado del pueblo”.

Mientras en las distintas poblaciones, dispersas, aisladas, padeciendo los rigores del hambre y, peor aún, los de la ignorancia, el hombre común no sabia de la “liberté”, que aún retumbaba en la Galias; únicamente pugnaba por sobrellevar su destino. Muchos de éstos eran de descendencia Española bastarda, otros famélicos indígenas, grotescas caricaturas de sus altivos ancestros; pero la gran mayoría estaba constituida por una mezcla de colores, que no de sudor, dolor y sufrimiento, que marchitó sus árboles genéticos, fusionándolos con la tierra en la que aún reían, cantaban, soñaban y hasta tenían esperanzas. No era resignación, sino simple instinto de sobrevivencia, pues pareciera que existen momentos en los que los pueblos, por encima de la libertad anteponen la vida. Es la sabiduría de la naturaleza, en un tenso equilibrio, en donde el sobrevivir se impone a la conciencia de libertad, que pareciera acumularse y madurar para estallar luego, formando un torrente que arrasa inclusive con la vida misma.

El espíritu liberal necesariamente imbuye al joven Bolívar, de formación y vida monárquicas, de tal manera que su pensamiento, y quizás su conciencia, serpenteaba entre decires y haceres, que si la fidelidad a su Majestad, que si aprovechar para ser “libres”; y entre  el ser y el deber, ¿libres? ¿quienes? ¿para qué? Si damos un vistazo por aquel escenario, vemos que resultaba descaradamente hipócrita la proclama de libertad de algunos de los miembros del cabildo, cuando ellos eran dueños de docenas de seres humanos, a quienes azotaban cuales borregos de carga. Vaya descaro. ¡El primer acto moral que debieron hacer los sublevados era dar la libertad a los esclavos para legítimamente poder solicitar la propia!

En este ambiente de conflictos de una oligarquía que oscilaba entre el interés y la conveniencia, entre la tradición y la renovación, se va gestando ese movimiento de rebelión ante el poder real. Ya no resultaba tan sacrílego, el ejemplo la Francia lo había dado dos décadas atrás, cuando de un tajo cortaron siglos de opresión. Solo que éstos deseaban cortar la opresión desde ellos hacia arriba, no hacia quienes soportaban la bota de su opresión. En resumidas cuentas, la solución a que llegaron fue la de institucionalizar a su beneficio el poder del Rey, es decir, conformar una oligarquía camuflada de República liberal igualitaria, a los fines de que todo quedara igual para todos menos para ellos, pues ahora se convertirían en los usufructuarios absolutos y legítimos de tal poder. En estos acontecimientos tuvo un papel importante aquel joven, por su cualidad más resaltante: su cuantiosa fortuna. Lo que se  evidenció cuando ofreció cubrir los gastos de la comitiva que junto a Andrés Bello y otros dirigiría a Inglaterra a tratar de obtener ayuda para una causa que ya comenzaba a tomar otro matiz, pues Miranda, con su preclara concepción liberal le daría mayor autenticidad a la idea libertaria.

Visto de forma excéntrica por Miranda, general caraqueño, “blanco de orilla”, de prestigio internacional por sus dotes militares, cualidades que presuntamente usaba también para desartillar las faldas de las damas, algunas de las cuales se “chuleaba”. El joven se percata que su carácter desordenado, imprudente e impulsivo, le chocaba a aquel General de actuar tan organizado, circunspecto, eficiente y comedido, que prendaba de su pecho decenas de victorias con los más grandes ejércitos del mundo y que exigía disciplina y no bochinche. Estas divergencias se acentuaron cuando el impulsivo joven, en un tonto descuido, es traicionado y pierde el fuerte de Puerto Cabello, lo cual constituyó una afrenta al honor y orgullo mantuano del joven militar ante aquel insigne General que admiraba, pero que en cierta forma, merced a los prejuicios heredados, quizás también menospreciaba, por “orillero”. Ante tal falla militar, quizás pudo haber dicho el General: ¿Para qué le entregué ese fuerte a ese loquito ricachón? qué vainas hace uno por los reales que aporta… Y luego ocurre el oscuro hecho en el que traiciona el deber moral para con el General al que hubo ido a implorarle ayuda para la independencia de Venezuela, y junto a tres se conjura para entregarlo a los peninsulares. El silencio histórico finca la especulación de la relación entre tal conjura y el salvoconducto que le diera el representante de Monteverde para marchar a Curazao…

La República había caído, pero, sincera y prácticamente, no por obra de  España sino del pueblo. El hecho cierto es que hubo una guerra civil. Entre los Mantuanos y sus acólitos y el pueblo llano que aprovechaba para buscar su redención. Porque ¿quién era más enemigo del populacho, el Español peninsular que estaba al otro lado del océano o el español criollo que fincaba el látigo sobre sus espaldas? ¿Quién había regulado los latigazos a no más de 25 y quiénes se quejaban de que no era suficiente para el escarmiento, calificándolo de limitante a su “libertad” de castigar? ¿A quien muerde el perro, al dueño del bozal o a quien se lo pone? Esta época es oscura históricamente, por las verdades que no se dicen, y significo un vuelco a los propósitos de la rebelión de 1810, pues toda la estructura feudalista que sustentaba el orden y “paz social" verdaderamente se trastocó, iniciando una serie de acontecimientos en los que el joven militar oligarca, astuta y paulatinamente fue tomando el timón.

De tal manera inició sus pasos libertarios aquel personaje, por un camino sin retornos posibles, con desvíos y atajos que lo fueron invistiendo de una riqueza y autenticidad maravillosas. Un hombre que cargó hasta el día de su muerte con el estigma de su origen. Un ser que a la par de la guerra llevaba su propia batalla contra sus creencias y valores, contra lo que era y lo que aspiraba, contra su realidad y el devenir, contra sus prejuicios y valores, contra los errores y aciertos. Aquel hombre que de un fiel soldado del Rey, pasa al irreflexivo joven participante de la conjuración de 1810, y de allí al brillante estadista de Angostura y del congreso de Panamá, concluyendo en el mito viviente que espiraba en Santa Marta .

Un hombre que fue producto de su época y la interpretó magistralmente. Eso se evidencia cuando justifica los argumentos de la rebelión aristocrática de 1810:

“(...)Todos los pueblos de la tierra se han gobernado por sí mismos con despotismo o con libertad;… pero siempre por sus ciudadanos, refundiendo el bien o el mal en ellos mismos…”...  - En ese mismo empeño de de darle legitimidad a la causa libertaria atrayendo a ésta las masas, hace gala de la más falsa retórica para lavar las manos de los opresores de estas gentes por 300 años - ”… ¿hemos dirigido los destinos de nuestra patria?...” - De seguidas completa con la invocación a la Obediencia debida, señalando - “…La esclavitud misma ¿ha sido ejercida por nosotros? Ni aún el ser instrumento de la opresión nos ha sido concedido... Como seres pasivos, nuestro destino se limitaba a llevar dócilmente el freno que con violencia y rigor manejaban nuestros dueños…” - Es decir, aquí los que mandaban y oprimían al pueblo eran los Españoles peninsulares, y  los esclavos eran de ellos, nosotros simplemente cumplimos con nuestro deber en cuanto súbditos del Rey... Siguiendo con esta queja, más falsa que el “espíritu libertario” del Marqués del Toro: - “...Todo era extranjero en este suelo. Religión, leyes, costumbres, alimentos, vestidos eran de Europa, y nada debíamos ni aún imitar…” Pero bien que se jactaban de los esplendores de la Madre Patria, ambicionaban sus títulos nobiliarios y pagaban lo que fuese por demostrase dignos de su estirpe (...)" (4)

O cuando hace gala de su excepcional capacidad pragmática y visionaria de Estadista, junto a los prejuicios políticos y sociales, resquicios del orden feudal que lo formó en sus primeros años:  

“ (...)Es más difícil dice Montesquieu, sacar un pueblo de la servidumbre, que subyugar uno libre…los meridionales de este continente han manifestado el conato de conseguir instituciones liberales y aun perfectas… la que se alcanzará, infaliblemente, en las sociedades civiles, cuando ellas están fundadas sobre las bases de la justicia, de la libertad y de la igualdad. Pero, ¿seremos nosotros capaces de mantener en verdadero equilibrio la difícil carga de una república? ¿ Se puede concebir que un pueblo recientemente desencadenado se lance a la esfera de la libertad, sin que, como Ícaro, se le deshagan las alas y recaiga en el abismo?... no puedo persuadirme de que el Nuevo Mundo sea por el momento regido por una gran República; como es imposible, no me atrevo a desearlo, y menos deseo una monarquía universal de América porque ese proyecto, sin ser útil, es también imposible….las instituciones perfectamente representativas, no son adecuadas a nuestro carácter, costumbres y luces actuales…” (5) “(...) De ningún modo sería una violación de la igualdad política la creación de un senado hereditario….Todo no se debe dejar al ocaso y a la ventura de las elecciones… Los libertadores de Venezuela son acreedores a ocupar siempre un alto rango en la república que les debe su libertad….Un senado hereditario será… la base fundamental del poder legislativo, y por consiguiente será la base de todo gobierno (...) “ (6) “…En caracas el espíritu del partido tomó su origen en las sociedades, asambleas y elecciones populares; y estos partidos nos tomaron a la esclavitud. Y así como Venezuela ha sido la república americana que más se ha adelantado en sus instituciones políticas, también ha sido el más claro ejemplo de la ineficacia de la forma democrática y federal para nuestros nacientes estados…” (5) “…No aspiremos a lo imposible, no sea que por elevarnos sobre la región de la libertad, descendamos a la región de la tiranía. De la libertad absoluta se desciende siempre al poder absoluto, y el medio entre estos dos términos es la suprema libertad social... Teorías abstractas son las que producen la perniciosa idea de una libertad ilimitada. Hagamos que la fuerza pública se contenga en los límites que la razón y el interés prescriben: que la voluntad nacional se contenga en los límites que un justo poder señala, que una legislación civil y criminal, análoga a nuestra actual constitución, domine imperiosamente sobre el Poder Judiciario, y entonces habrá un equilibrio y no habrá el choque que embaraza la marcha del estado, y no habrá esa complicación que traba, en vez de ligar, la sociedad...” (6) “…En tanto que nuestros compatriotas no adquieran los talentos y las virtudes políticas que distinguen a nuestros hermanos del norte, los sistemas enteramente populares, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina …” (5) “…Al proponeros la división de los ciudadanos en activos y pasivos he pretendido excitar la prosperidad nacional por las dos más grandes palancas de la industria: el trabajo y el saber….Los que antes eran enemigos de una madrastra, ya son defensores de un patria…….No se puede ser libre, y esclavo a la vez, sino violando a las leyes naturales, las leyes políticas y las leyes civiles….(6) “…La nueva Granada se unirá con Venezuela… en formar una república central… Su gobierno podría imitar al inglés; con la diferencia de que en lugar del rey, habrá un poder ejecutivo, cuando más vitalicio, y jamás hereditario, si se quiere república; una cámara o senado legislativo hereditario, que en tempestades políticas se interponga entre las olas populares y los rayos del gobierno, y un cuerpo legislativo, de libre elección, sin otras restricciones que las de la cámara baja de Inglaterra…”(5)

O cuando evidencia su responsabilidad familiar y sus prejuicios de casta a  Anacleto Clemente, su sobrino y administrador de vida muy disipada:

“(...) Faltando… a tu patria, a tu honor, a tu familia y a tu sangre. ¿Es éste el pago que das al cuidado que tuve de llevarte a Europa para que te educases;…? ¿No te da vergüenza ver que unos pobres llaneros sin educación, sin medios de obtenerla, que no han tenido más escuela que la de una guerrilla, se han hecho caballeros; se han convertido en hombres de bien; han aprendido a respetarse a sí mismos tan solo por respetarme a mí? ¿No te da vergüenza…considerar que siendo tú mi sobrino, que teniendo por madre a la mujer de la mas rígida moral, seas inferior a tanto pobre guerrillero que no tiene más familia que la patria? (...)” (7)

Y el poeta que le cantaba a la vida, con las contradicciones entre la razón y el corazón, que en sublime delirio disfrutaba y padecía, el amor:  

“...envuelto en el manto de Iris, desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco al dios de las aguas. Había visitado las encantadas fuentes amazónicas, y quise subir al atalaya del universo...” (8) “… ¡Mi adorada…lo que puede el amor! No pienso más que en ti…Tú ángel celeste, sola animas mis sentidos y deseos más vivos…la distancia y el tiempo sólo se combinan para poner en mayor grado las deliciosas sensaciones de tus recuerdos… ¡Escríbeme mucho; ya estoy cansado de hacerlo yo y tú, ingrata, no me escribes! Hazlo, o renuncio a este delicioso alivio. Adiós, tu enamorado...” (9)  “…Cada momento estoy pensando en ti… gimo de tan horrible situación por ti; porque te debes reconciliar con quien  no amabas; y yo porque debo separarme de quien idolatro. Sí te idolatro hoy más que nunca jamás. Al arrancarme de tu amor y de tu posesión se me ha multiplicado el sentimiento….Cuando tú eras mía yo te amaba más por tu genio encantador que por tus atractivos deliciosos…Pero ahora me parece que la eternidad nos separa…tu estarás sola aunque al lado de tu marido. Yo estaré solo en medio del mundo...” (10) “…Deseo verte libre pero inocente juntamente; porque no puedo soportar la idea de ser el robador de tu corazón que fue virtuosos, y no lo es por mi culpa…” (11)

Cuando manifiesta en excelsa forma su genio visionario, justificando lo sentado que estaba en su tiempo, su preclara conciencia histórica y de los límites que ésta le imponía: Y le da un balance de la guerra de independencia a su tío materno, el rico terrateniente Don Esteban Palacios:

“…Mi querido Tío… usted ha vuelto de entre los muertos a ver los estragos del tiempo inexorable de la guerra cruel de los hombres feroces…. se encontrará en Caracas como un duende…  observará que nada es lo que fue. Usted dejó una dilatada y hermosa familia; ella ha sido segada por la hoz sanguinaria; usted dejó una patria naciente que devolvía los primeros gérmenes de la creación y los primeros elementos de la sociedad;  y usted lo encuentra todo en escombros… todo en memorias. Los vivientes han desaparecido: las obras de los hombres, la casa de Dios, y hasta los campos han sentido el estrago formidable del estremecimiento de la naturaleza. Usted se preguntará a sí mismo, ¿dónde están mis padres?... ¿dónde están mis hermanos?...¿dónde están mis sobrinos?... Los más felices fueron sepultados dentro del asilo de sus mansiones domésticas, y los más desgraciados han cubierto los campos de Venezuela con sus huesos, después de haberlos regado con su sangre… por el solo delito de… haber amado la justicia. Los campos regados por el sudor de trescientos años, han sido agostados por una fatal combinación de meteoros y de crímenes. ¿Dónde está Caracas?... se preguntará usted; Caracas no existe, pero sus cenizas, sus monumentos, la tierra que la tuvo han quedado resplandecientes de libertad y están cubiertos de la gloria del martirio. Este consuelo repara todas las perdidas, a lo menos éste es el mío y deseo que sea de usted... Yo he recogido el fruto de todos los servicios de mis compatriotas, parientes y amigos. Yo los he representado a presencia de los hombres, y yo los representaré a presencia de la posteridad… (12)

O las funestas premoniciones al general de los “pata en el suelo”, Páez:

 “...quién reunirá más los espíritus; quién contendrá las clases oprimidas. La esclavitud romperá el yugo; cada color querrá el dominio, y los demás combatirán hasta la extinción o el triunfo. Los odios apagados entre las diferentes  secciones volverán al galope, como todas las cosas violentas y comprimidas. Cada pensamiento querrá ser soberano, cada mano empuñar el bastón, cada toga la vestirá el más turbulento. Los gritos de sedición resonarán en todas partes. Y todavía es más terrible que todo esto, es que  cuanto digo es verdad…” (13)

Porque Bolívar no fue uno solo, él resume una época, es la suma de voluntades, de culturas y de aspiraciones, un ser de carne y hueso con inmensas virtudes pero también con grandísimos defectos. Bolívar fue infinitamente más grande que aquel famoso General que batalló en ejércitos previamente organizados y que expirara en Cádiz. Porque Bolívar creó un ejército libertario de 5 naciones, pero no sumando el pueblo a la lucha sino agregándose él al pueblo. Lo que constituyó el verdadero punto de inflexión en el proceso de consolidación de la República, pues ciertamente Bolívar devino en el genio y motor que impulsó todo el movimiento que culmino con la independencia, pero esencialmente él fue su producto.

Porque Bolívar sin Sucre, sin Plaza, sin Rivas no sería Bolívar; y sin Páez, Piar o  Mariño, menos sería Bolívar, pero principalmente, sin los Camejo y los Rondón jamás sería Bolívar. El mito de Bolívar es que él los resume a todos.

Simón, de realista español criollo, pasó a republicano liberal de utilería (1810) y de allí, con la luz siempre visible de la revolución francesa, con las preclaras ideales liberales de Rousseau, Montesquieu y los visionarios juicios de su maestro Robinson, sincretiza con las sombras vigentes de la tradición monárquica que signó su necesariamente su vida, conformando el claroscuro de su visionario pragmatismo político, en el que se desplazó tan magistralmente y que constituyo un factor importantísimo para sortear los escollos políticos-históricos-culturales y lograr tan magna obra libertaria. Bolívar paulatinamente se va liberando de sus prejuicios y percatando de las exigencias de un pueblo con una cultura y valores muy amplios y diversos, algo que se le evidenciaba más allá de su pequeño valle, de una tierra inmensa y maravillosa, con gente que en ella ríe, ama, sueña y principalmente que la siente. Bolívar liberta la República y descubre a Venezuela.

Tal vez la mayor significación del proceso conocido como independencia, más allá de una libertad ideal que luego se relativiza en los eterno dilemas históricos, es la de de haber conformado la nacionalidad, es haber nacido Venezuela, no ya como mera declaración de un grupo sectario sino como sentimiento, como realidad y como esperanza de una nación.

Por eso, el titulo de Padre de la Patria resulta inapropiado, pues él es su primer hijo, ya que la patria somos todos. La patria no es un estandarte que se enclaustra en un Panteón, ni mucho menos un bien hereditario que se usufructúa. La patria como expresión cultural es un quehacer constante.

El titulo adecuado es el de Libertador. Pues, literalmente un minúsculo ser, que hoy en día sería rechazado por cualquier escuela militar, terminó creando el mas grande ejército libertario de 5 naciones. Un hombre que a la par se redimía él de sus prejuicios y defectos. Un ser humano común y corriente, como en esencia somos todos, que de súbdito conservador y soldado del Rey, pasó al preclaro ideal liberal moderado con visos de justicia social, terminando en reaccionario por necesidad (en 1929 restituyó el cobro del tributo indígena, mientras el burocratismo devoraba las arcas públicas y la Gran Colombia se desmoronaba) Todo ello lo aderezó con las experiencias, la cultura y tradición y esencialmente esa visión en la que proyectaba sus ideales de justicia e igualdad, que excedían su realidad e inclusive su propia conciencia y voluntad inmediatas, para conformar el ideal Bolivariano.

Bolívar fue un hombre perfectamente situado en su tiempo, pero con un sentido de trascendencia excepcional. Un hombre que nació inmensamente rico y no murió pobre (la mina de Aroa que testó, produjo inmensas fortunas a los explotadores Ingleses hasta 1930) ni murió fracasado, ni derrotado; porque adquirió un valor incuantificable como ser humano. Bolívar hizo lo que tenía que hacer y pudo hacer en su tiempo existencial. Bolívar no erró al pretender la quimera, el absurdo de tratar de forjar nacionalidades artificialmente, pues ello sirvió para aglutinar, aunque temporalmente, fuerzas a un propósito común. Bolívar no fue traicionado por Páez o por Santander, sino que éstos cumplieron también su función y luego fueron llevados a un reacomodo que no dependía de ellos sino de lo que exigía la realidad histórica; que al final de una disociación cultural y social de tal magnitud, reubica a las sociedades y a las naciones, remarcando sus vicios y sectarismos para buscar su identidad, y con ella, su verdadera libertad.

Porque Bolívar no gobernó para su clase, que no lo comprendía, ni para el pueblo, a quien él no entendía, sino más allá, para una circunstancia histórica, para una necesidad libertaria que literalmente arrasaría y transformaría todo, inclusive a él en sus valores y forma de vida, y a las naciones, definiéndolas y marcándoles el camino. Bolívar esencialmente gobernó para el devenir, y los frutos de su gobierno comenzaron a partir de su muerte.



Referencias:

1)    Juan Vicente Bolívar, según datos históricos, pagó el marquesado a su Majestad, pero nunca le fue formalizado. No se sabe si por la ya  burocracia real  o por dudas en la pureza del linaje. Siendo justicia darle el reconocimiento histórico a tan ansiada distinción.

2)     Carta a su tío Pedro Palacios Blanco. Veracruz (México) 20 de marzo de 1799.

3)     Carta a su sobrino Anacleto Clemente. Guayaquil, 29 de mayo de 1823.

4)     Discurso pronunciado el 13 de enero de 1815, en Bogotá, con motivo de la incorporación de Cundinamarca a las Provincias Unidas.

5)     Carta de Jamaica. Kingston, 6 de septiembre de 1815.

6)     Congreso de angostura 15 de febrero de 1819 día de su instalación.

7)     Carta a su sobrino Anacleto Clemente Lima, 29 de mayo 1829.

8)     Mi delirio sobre el Chimborazo.1823

9)     Carta Bernardina Ibáñez. Cali, 5 de enero de 1822.

10)   Carta a Manuelita Sáenz. Ica, 20 de abril de 1825.

11)  Carta a Manuelita Sáenz. Plata. 26 de noviembre de (1825)

12)  Carta a su tío  Don Esteban Palacios. Cuzco, 10 de junio de 1825

13)  Carta al General José Antonio Páez.  Lima, 8 de agosto de 1826.


Javier A. Rodríguez G.

viernes, 23 de abril de 2010

EL VÉRTIGO

Conciencia nunca dormida,
mudo y pertinaz testigo
que no deja sin castigo
ningún crimen en la vida.
La ley calla, el mundo olvida;
más, ¿quién sacude tu yugo?
Al sumo hacedor le plugo
que, a solas con su pecado
Fueses tú, para el culpado
Delator, Juez y Verdugo.

Gaspar Nuñez de Arce.
(Poeta español siglo XIX)

jueves, 22 de abril de 2010

EL NAUFRAGIO DE LA LIBERTAD

Comentarios acerca del libro ETICA PARA AMADOR de Fernando Savater.

Muy interesante la forma como aborda el tema el autor, al más clásico estilo de Cicerón, quien hizo lo propio con su hijo Marco, o de Séneca, que a su amigo Lucilio escribió memorables cartas; pero en este caso usando un lenguaje totalmente llano y pretendiendo simplificar los conceptos, todo en un intento de hacerlo mas digerible a los adolescentes a quienes va dirigido.

El autor centra su exposición en la idea de libertad, planteando la ética como una especie de opción de vida libre pero ineludible para el buen vivir y, en consecuencia, hacer de la ética una práctica constante que le causa satisfacción. Se plantea también que así como poseemos las cosas, estas también nos pueden poseer a nosotros, avasallándonos, sometiendo nuestra libertad.

Finalmente y a mi entender, lo mejor del texto es el llamado a ser más auténticos, a ser mas libres, a discernir entre lo fútil y lo relevante para nuestro bienestar, y a tomar conciencia de la capacidad de elección que tenemos, pero una elección responsable que nos transforme cada día y adecúe mejor nuestra verdad como seres humanos, es decir, que permita el “buen vivir”.

Siendo crudamente sincero debo decir que no es de mi agrado el planteamiento de Savater. Centrado casi exclusivamente en la libertad, se capta un ambiente conceptual anarquista. También se percibe un dejo de hedonismo en el autor. Amén de resultar muy “ligero” en sus conceptos, pero no por sus destinatarios, los adolescentes, sino por la manifiesta insuficiente profundidad trascendental en sus planteamientos.

Es que la libertad plena supone restricciones que se nos imponen, y ser “libres”, también implica percatarnos y someternos a ellas. Dicho de otra forma, no nos abstenemos de matar a otro ser humano porque libremente decidimos que es contrario a nuestro bienestar, de tal forma que estaríamos facultados para hacerlo o no hacerlo, dentro de nuestra conciencia individual y sin coacción alguna ( a menos de la convencional, impuesta por estatuto de las leyes) sino porque es contrario a nuestra esencia como seres humanos, es decir, una especie que fue, es y será, y de la cual cada individuo, en su particularidad y unicidad es tan solo un eslabón, un instante histórico de un transitar transcendental. Que tengamos o no conciencia de ello, es otra cosa.

Esta visión de un ser humano más humilde ante la inmensidad del universo que lo rodea, consciente de las facultades que posee, pero también de sus profundas carencias. Un ser humano que comprenda que cuanto más acepte y se someta a los inexorables que determinan su existencia en el cosmos, más libre y pleno será. Esta es la visión que está comenzando a plantearse la humanidad desde finales del siglo pasado, dejando atrás la fracasad tesis racionalista egoísta.

También afirma el autor que el principal Derecho Humano es el de no ser iguales a los demás, y plantea la dignidad humana como una especie de certificado de unicidad, de individualidad que nos hace semejantes. Cuando sería al contrario. El gran problema del hombre es el haberse considerado diferente uno de otro. La dignidad se relacionaba con la posesión de bienes materiales. El gran avance de la humanidad como tal, es el haber reconocido la igualdad del ser humano, y no es la dignidad lo que nos hace semejantes, sino que es la igualdad la que nos hace dignos.

Además señala el autor que el lenguaje es simplemente una creación cultural que heredamos y aprendemos. Esto se contrapone a las teorías de autores como Noam Chomsky, quien postula la existencia de principios generales abstractos de gramática universales en la especie humana (gramática universal) y un conjunto de reglas innatas que permiten traducir combinaciones de ideas a combinaciones de palabras (Gramática generativa).

En conclusión, y pidiendo disculpas si estos postulados resultan un tanto pedantes, pero siguiendo a Savater, es una libre opinión. Creo que la intención del autor naufraga al pretender sustentarla únicamente en un supuesto ejercicio libre y pleno de la libertad, pues desde los inicios de los estudios jurídicos, se fundamenta la formación en una triada: libertad, igualdad y justicia. La libertad plena debe ser demarcada. Solamente siendo libres podemos ser iguales, pero a su vez, la igualdad define y permite la plena libertad, y si no somos libres e iguales, no podemos ser justos y equitativos.

Así pues, la igualdad y la justicia redimen al hombre. Sin estos valores el ser humano sería simplemente un náufrago pretendidamente libre en un océano de absurdos y sin sentidos, ya que la libertad debe tener referencias, tiene necesariamente que estar orientada hacia fines transcendentales.

Javier A. Rodríguez G.

LA PENA DE MUERTE. UN ABSURDO

El conócete a ti mismo que signa el frontispicio del templo de Apolo, en Delfos, es una invocación a la perfección del hombre, una alegoría a la vida plena y absoluta, un llamado a Dios. Pues solo dentro de si puede el ser humano hallar el verdadero sentido de su existencia. Porque cada hombre, en cuanto imagen y semejanza de Dios, es potencialmente perfecto. Porque dentro de cada hombre existe un Cristo, padre e hijo, fruto y semilla, capaz de ser vida para la vida, pero también susceptible de sucumbir, igual que el mártir del Gólgota, a manos del hombre mismo. Por eso, quien mata a un hombre mata a todos los hombres del mundo.

Luego,¿ Cuantos cristos han existido en este mundo de desolación? ¿Cuántos deambulan por esta tierra de dolor llevando a cuestas el horror y la crueldad de la miseria humana, y cuantos Gólgotas se yerguen sobre la faz de nuestro planeta como símbolos de la irracionalidad del hombre?

Esta reflexión surge en repuesta a los planteamientos de la implementación de la pena de muerte. Situación que horroriza y contra la cual se dificulta hilvanar argumentación alguna, mas allá de estas reflexiones, por lo irracional del planteamiento. Pues por todas las razones con que se pretenda justificar, y con los diversos matices que se le dan, desde la óptica ontológica, moral, religiosa, social ética y jurídica, es un absurdo.

No es necesario recordarles a quienes propugnan tal medida, que la verdadera y plena eficacia del Derecho, no se logra extralimitando su poder coactivo, sino creando justicia, es decir, dándole a cada quien lo suyo. Y el Estado, antes de dar muerte por la muerte, debe dar alimentación, educación, salud y la posibilidad de tener una vida plena y digna, dar vida por la vida, para permitir que la persona comience a conocerse a si misma.

Cantaba el poeta Andrés Eloy Blanco: Cuando se tiene un hijo se tienen todos los hijos del mundo. Y yo insisto : Cuando se mata a un hombre, se mata a todos los hombres del mundo.


Javier A. Rodríguez G.

LA BRUJA QUE ENSEÑABA DERECHO

Su voz, más que voz, eructo perenne nacido en el averno, cuajada por todas las pestilencias propias de su triste origen; tornábase en grandes tentáculos que aprisionaban sus cerebros, inmovilizando las ideas y paralizando su razón, como pretendiendo con tal cruel tormento crear la herrumbre del desuso y anquilosar los pensamientos, matar sus conciencias.

Si , era ella, la Bruja que enseñaba Derecho, pero su mente retorcida estaba, como corresponde a quien funge en el lado oscuro de la vida, a quien sume en el estiércol la otrora altiva y resplandeciente Pedagogía. Tenía un ayudante, un cerdito, de blancos cabellos y sumiso y lacayo porte; amén de los fieles Pilatos, vehículos de legitimación de sus abyectas acciones. Y los pupilos, sujetos insoslayablemente a su cruel destino.

Pero un día presentóse un Pupilo, que con la voz de la verdad hizo inmensa su conciencia, estallando en mil pedazos el tentáculo que pretendía cautivarlo. La Bruja se retorcía de rábia y de dolor. El temerario Pupilo había desafiado a la hija del averno ¿Quién era? ¿Un príncipe, un orate, acaso un perseo o quizás un suicida?

La herida Bruja desató sobre el valiente pupilo toda su furia y poder. Parecía indefenso, pues ninguna arma esgrimió. Solo la verdad anclada en lo profundo de su corazón. Y en ella creyó ver en el Cerdito y en los Pilatos un viso de rebelión. Y su nobleza confió en él, y su nobleza causóle gran dolor, pues el cerdito defraudó su fe y los Pilatos no tienen honor. Qué lástima da el cerdito, está muriendo y no ha podido salir de la inmundicia en que nació, pobres Pilatos, que triste ser un cero en gradación de la evolución.

Y la bruja en frenético aquelarre revolcábase en estiércol y con el cerdito y los Pilatos danzaba con Lucifer, ufanándose de su victoria, gritando al mundo que triunfó. Pobre Bruja, pobre diabla, triste y miserable destino el que Dios te dio. Pronto morirás, y la vida, la justicia y la verdad, triunfantes al fin, como epitafio escribirán: Aquí yace la desdichada hija de Dios, la que estuvo al lado del caído, aquel que del padre abjuró. La que nunca triunfó, pues hasta en su intento de ser humana fracasó. Y solo la estela quedó de su miserable destino, pues igual que el caído, solo sirvió por contraposición, para la libertad dar brillo, relucir el honor y lustrar la razón.

La conciencia del Pupilo se hizo inmensa por todas las que despertó. En penumbras estaba la Bruja, el Cerdito y los Pilatos, en la pequeñez de su condición, mientras marchaban los Pupilos a la  luz que el alma mater les dio……

Javier A. Rodríguez G.

SOLAMENTE UN SUEÑO

En sus sueños resplandeció
¡que hermosa aparición!
Radiante, sonriente, ojos tiernos, llenos de fulgor,
era suya, regalo de Cupido, el dios del amor.

Si era ella, su boca, sus cabellos, sus ojos, su voz,
pero en su pecho, ¡Oh Dios, no hay corazón!
solo piedra, dura y fría como mármol de escultor.

Prestóse pues a tallar la piedra en corazón
a darle vida, a darle calor.
Y golpeaba y golpeaba con toda pasión
pero dura y fría permanecía,
sin vida, solo marcada por la erosión
de la tristeza, de la rutina,
de no haber tenido nunca un amor.

Aquel hombre con el alma llena de dolor,
buscaba y no encontraba explicación.
¿Será que no es tan grande mi amor?
¿Será que hay piedras que nunca llegan a corazón?
Y sin respuestas, media vuelta dio y caminó por la desilución.

Adelante, por los caminos de Dios,
una piedra en manos de mujer encontró,
y suplicó ella con ojos llenos de dolor,
hombre, dale vida, enséñale el amor, tállala en corazón,
pero el no la vio, no la escuchó.
Y siguió su camino, dejando huellas, rojas huellas,
era la sangre que manaba de su roto corazón.


Javier A. Rodríguez G.
La palabra escrita se independiza del autor y trasciende las barreras del espacio tiempo, haciéndose evidencia que delata el pensamiento y desnuda los sentimientos.(Javier A. Rodríguez G.)